El antiguo centro de transformación eléctrica (izq.) y otras construcciones históricas en Kalkberg se están restaurando para ampliar el hotel instalado en la torre de agua que se ve al fondo de la toma. Foto: Christian Charisius/dpa
El antiguo centro de transformación eléctrica (izq.) y otras construcciones históricas en Kalkberg se están restaurando para ampliar el hotel instalado en la torre de agua que se ve al fondo de la toma. Foto: Christian Charisius/dpa (Christian Charisius/)

La localidad de Bad Segeberg, en el norte de Alemania, podría contar próximamente con el hotel más pequeño del país cuando concluyan las labores de refacción en la pequeña habitación donde funcionaba el antiguo centro de transformación eléctrica.

Según Cornelia Möller, responsable de marketing del proyecto hotelero, es muy posible que se trate del hotel más pequeño de Alemania, pero no puede asegurarlo.

Aún continúan las refacciones de la delgada torre de ladrillo, en la que hay 15 metros cuadrados de espacio habitable repartidos en dos plantas y media.

El centro de transformación eléctrica es la culminación de un insólito proyecto hotelero a solo unos pasos del Estadio del Monte Calcáreo (Kalkbergstadium), un teatro al aire libre donde cada año se celebra el Festival Karl May. Cientos de miles de fanáticos del escritor alemán (1842-1912) siguen cada año las aventuras de sus personajes más famosos, Winnetou y Old Shatterhand. La pandemia de coronavirus obligó a cancelar el evento el año pasado. 

El proyecto hotelero comenzó en el año 2020 con la refacción de la antigua torre de agua de Kalkberg, que hoy en día alberga habitaciones en seis niveles y un vestíbulo con bar en la planta baja. Además, tiene también una granja y en el futuro se sumarán otros apartamentos, entre ellos para la administración del complejo.

“Somos originarios de Bad Segeberg”, dijo Möller, también en referencia al inversor Michael Hintz. “Este proyecto tiene un fuerte componente emocional”, agregó la experta en marketing.

Según Möller, la idea era simplemente convertir un objeto protegido como patrimonio cultural en algo hermoso. Agregó que al principio solo pensaron en la torre de agua, que es visible desde lejos. “Pero luego se produjo una reacción en cadena”, detalló. 

El complejo de Kalkberg no funciona como un hotel normal. Al no tener las instalaciones típicas de un hotel, como recepción o la sala de desayunos, muchas cosas se concretan de manera virtual. 

Así, para acceder a la habitación se envía el código de la puerta de entrada por mensaje de texto antes de la llegada, mientras que el desayuno, si el huesped lo desea, ya está listo en la nevera.

Möller hace hincapié en que cada objeto tiene su propia historia, por lo tanto, los creadores del proyecto no lo consideran un hotel convencional.

Sin embargo, una idea común conecta los edificios. En términos de desarrollo urbano, la pequeña casa del transformador está a la entrada de la calle que conduce hacia la torre de agua. En realidad, la intención era comprarla para entregar allí las llaves de las habitaciones de la torre de agua.

“Esto es realmente una joya para la ciudad”, destacó el alcalde de Bad Segeberg, Dieter Schönfeld. Señaló además que la ciudad se beneficia por la atención que genera el proyecto.

Recalcó sin embargo la importancia de conservar las estructuras históricas. “El desafío es que se consiga mantener el núcleo histórico de un edificio y llenarlo de ideas frescas y nuevos conceptos que tengan sentido”, dijo.

dpa